Chile: ¿Veremos el fin del sistema de salud neoliberal?

en un importante la victoria frente al candidato de derecha José Antonio Kast, Gabriel Boric de la coalición de izquierda “Apruebo Dignidad” fue elegido presidente de Chile el 19 de diciembre con el 54% de los votos.

La victoria de un candidato de izquierda pone en entredicho viniendo del neoliberalismo en Chile, una era iniciada por el dictador Augusto Pinochet respaldado por Estados Unidos y que, en última instancia, fue destructiva para los servicios públicos del país.

El sistema de salud existente en Chile se concretó en 1980, cuando la dictadura militar privatizó la salud creando el sistema de Instituciones de Salud Previsional (ISAPRES), que es un sistema de compañías de seguros con fines de lucro.

Con este sistema, los trabajadores con mayores ingresos, que representan el 17% de la población, podrían dejar de pagar su cotización obligatoria (7% del salario) y suscribirse a esquemas individuales brindados por clínicas privadas con fines de lucro. El 80% de la población está cubierta por el sistema de aseguramiento público, provisto por el Fondo Nacional de Salud (FONASA), que incluye principalmente a los proveedores públicos, financiados con aportes del 7% del salario de los trabajadores e impuestos generales. Mientras que el 3% de la población está cubierta por el seguro de las Fuerzas Armadas de Chile.

Este sistema crea una fragmentación de clases en la seguridad social, lo que conduce a una salud pública inequitativa. Existe una fuerte segmentación de los servicios de salud que genera largas listas de espera en el sector FONASA, lo que lleva a un alto nivel de insatisfacción ciudadana. Desde 1990 se han llevado a cabo un gran número de reformas para hacer menos abusivo el sistema privado y más equitativo el sistema público, pero sin la necesaria cambios estructurales.

Transformaciones estructurales para una buena salud

El programa de Boric propone una transformación estructural largamente esperada por las fuerzas progresistas del país: una seguridad social en salud universal y equitativa, similar a las implementadas por ciertos países capitalistas de Europa (Inglaterra, España y los países nórdicos), financiada con impuestos generales. Sólo Salvador Allende propuso una política similar: el Servicio Único de Salud. Sin embargo, esto fue en el contexto de perseguir el socialismo de todo el sistema en lugar de una mera reforma, un enfoque que no está presente en Chile hoy.

Siempre se ha mantenido un sistema bismarckiano de seguridad social contributiva, como el que existe en Chile, en el que existe un aporte obligatorio de los trabajadores y un aporte del Estado, con la autoexclusión de la clase más rica. Hoy, Chile tiene un gobierno que ofrece una universalización justa y no asegurada, lo que en la práctica significa que las ISAPRE se convertirán en un seguro complementario insustituible. Las otras propuestas de Boric son medidas funcionales destinadas a mejorar la cobertura de beneficios (listas de espera), mejorar la calidad de los servicios y reducir los altos montos de gasto directo que aún existen en Chile (35% contra 20% en promedio en la OCDE).

El verdadero desafío es iniciar un proceso de transformación profunda que nos conduzca hacia un estándar de salud y atención en lugar de enfermedad/atención médica; priorizar la promoción de la salud y la prevención de enfermedades; buscar el equilibrio con la naturaleza para lograr el buen vivir (vivir bien salvaguardando el conocimiento de nuestros pueblos indígenas); un sistema de salud único pero plurinacional y feminista.

Tal tarea de transformación no será fácil, ya que el parlamento recién elegido estará dividido y habrá que negociar. El nuevo gobierno de izquierda exige que la ciudadanía mantenga su apoyo de forma movilizada, activa y coherente y, como Lewin señalóBoric debe hacer de este apoyo “un aliado en sus cambios y no un estorbo para sus acuerdos”.

Vale decir que se debe mantener y reforzar la esperanza revitalizada el 18 de octubre de 2019, día en que “Chile amaneció” con los levantamientos populares de la “explosión social” o “rebelión de la determinación social”. El gran auge del movimiento feminista y el inédito proceso constituyente iniciado con una convención constituyente presidida por una mujer mapuche, con paridad de género, con escaños reservados a representantes de los pueblos indígenas, con amplia representación de movimientos de izquierda independientes, debe ser otro pilar que apoya la agenda progresista de salud y nos acerca a una nación de personas que viven con justicia y dignidad.

[Reprinted from People’s Dispatch. Mario Parada Lezcano is a public health specialist and professor at the School of Medicine of the University of Valparaíso – Chile.]

Feliciano Antolin

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